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Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) preparan uno de los proyectos de infraestructura más relevantes de los últimos años: la construcción de un nuevo puerto multipropósito y una terminal de contenedores en la costa oriental del país, con el objetivo de reducir su dependencia del Estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más estratégicos y vulnerables del mundo. El proyecto sería desarrollado por DP World en Fujairah, sobre el Golfo de Omán, permitiendo que los buques eviten el paso por el estrecho.

La iniciativa surge tras meses de tensiones en la región, donde la navegación por el Estrecho de Ormuz se ha visto afectada por el conflicto con Irán y el aumento de los riesgos para el transporte marítimo. De acuerdo con reportes recientes, la actividad en el puerto de Jebel Ali —el principal centro logístico de Dubái— cayó drásticamente debido a las interrupciones del tráfico comercial, lo que aceleró la búsqueda de rutas alternativas.

Más que un proyecto portuario, la estrategia representa un cambio geopolítico. El Estrecho de Ormuz concentra históricamente cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y ha sido utilizado durante décadas como un punto de presión por Irán en momentos de crisis. Al desarrollar infraestructura fuera de ese corredor, Emiratos busca reducir la capacidad de cualquier actor regional para condicionar sus exportaciones, fortalecer la resiliencia de sus cadenas de suministro y proteger su papel como plataforma logística entre Asia, África y Europa.

El plan contempla complementar el nuevo puerto con infraestructura terrestre y energética, incluyendo la expansión de oleoductos que conecten los campos petroleros con Fujairah, lo que permitiría aumentar la capacidad de exportación sin depender del paso por Ormuz. Autoridades emiratíes han planteado incluso el objetivo de reducir esa dependencia a cero en el mediano plazo.

Las implicaciones económicas también son significativas. Un corredor alternativo disminuiría costos asociados a seguros marítimos, reduciría los riesgos de interrupción del comercio y ofrecería mayor certidumbre a los mercados energéticos internacionales. Sin embargo, los analistas advierten que el proyecto no eliminará por completo la vulnerabilidad regional, ya que una parte importante de las exportaciones de hidrocarburos del Golfo continuará transitando por el Estrecho de Ormuz durante los próximos años.

De concretarse, el nuevo puerto consolidaría a Emiratos Árabes Unidos como uno de los principales centros logísticos del Medio Oriente y marcaría un precedente para otros productores de petróleo del Golfo, que también buscan diversificar sus rutas de exportación en un escenario internacional cada vez más condicionado por la competencia geopolítica y la seguridad marítima.