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Este viernes 10 de julio, un nuevo evento sísmico sacudió la zona norte de Venezuela, provocando alarma y evacuaciones preventivas en diversas localidades. 

De acuerdo con la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), se registró un temblor de magnitud 3.9 a las 10:53 hora local, con epicentro a 10 kilómetros al noreste de Naiguatá, estado de La Guaira. Simultáneamente, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) reportó de forma preliminar un movimiento de magnitud 4.5 a las 14:53 horas en la misma región costera.

Aunque no se han reportado nuevas víctimas o daños estructurales de gravedad tras este evento, el pánico se extendió rápidamente en Caracas. Ciudadanos en sectores como Chacao, Altamira y La Candelaria desalojaron edificios de oficinas y viviendas por seguridad. Testigos indicaron que el temor a réplicas y las condiciones de estructuras previamente afectadas motivaron la salida inmediata de los inmuebles.

Este sismo ocurre en un marco de alta sensibilidad social y vulnerabilidad estructural. Hace apenas 16 días, el 24 de junio, Venezuela fue azotada por un doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5, el cual es considerado el más mortífero del último siglo en el país. Dicha catástrofe ha dejado, hasta el último balance oficial, un saldo de 3,889 fallecidos, más de 16,000 heridos y cerca de 18,000 personas sin hogar.

La ubicación de Venezuela en el Cinturón de Fuego del Pacífico y la interacción de las placas tectónicas de Nazca, Sudamericana y del Caribe mantienen a la región en una situación de riesgo sísmico constante. Las autoridades continúan monitoreando la actividad mientras la nación enfrenta una compleja emergencia sanitaria y económica tras los recientes desastres.