Esta semana, las Spring Meetings del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial arrancan en medio de una guerra activa, con los precios del petróleo todavía temblando y una inteligencia artificial que acaba de poner en alerta a los reguladores financieros del planeta, es difícil hablar de una agenda ordinaria. Lo que ocurrió esta semana en Washington no fue un encuentro técnico de ministros de finanzas. Fue una sala de emergencias disfrazada de protocolo institucional.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, lo dijo sin rodeos en la apertura del 10 de abril: «una economía mundial resiliente está siendo puesta a prueba de nuevo por la ahora pausada guerra en Medio Oriente.» Su mensaje central fue claro: incluso en el escenario más optimista, habrá un recorte en el crecimiento global. No es retórica. El FMI presentó tres escenarios: en el de referencia, con un conflicto breve y un alza moderada del 19% en los precios de la energía, el crecimiento global cae a 3.1% y la inflación sube a 4.4%. En el escenario adverso, el crecimiento se desploma a 2.5% y la inflación llega a 5.4%. En el severo, ambas variables se deterioran aún más: crecimiento de 2% e inflación por encima del 6%. El Estrecho de Ormuz, cerrado durante semanas, dejó su huella.
Ajay Banga, presidente del Banco Mundial, llegó a Washington con una postura tan pragmática como urgente. Anunció que el Banco podría movilizar entre 80 mil y 100 mil millones de dólares en los próximos 15 meses para los países más golpeados por la guerra, superando los 70 mil millones que la institución proporcionó durante la pandemia. Pero también lanzó una advertencia que merece leerse con calma: que los países eviten subsidios energéticos que no puedan costear. El alivio de corto plazo puede convertirse en una trampa fiscal de largo plazo. Su mensaje de fondo fue más estructural: las reglas claras, la regulación predecible, los contratos que se cumplen y los sistemas fiscales comprensibles son los cimientos sin los que el capital simplemente no llega. «Cuando estos elementos no están, el capital se queda al margen», escribió Banga.
El BID, por su parte, viene de sus propias reuniones anuales en Asunción, Paraguay, donde la institución liderada por Ilan Goldfajn puso al sector privado en el centro del nuevo modelo de desarrollo regional, con un enfoque que incluye minerales críticos, integración regional y un modelo de financiamiento que busca que el capital privado sea socio, no espectador. El mensaje convergente de las tres instituciones es el mismo: el Estado ya no puede solo. Los recursos multilaterales son insuficientes frente a la magnitud de los retos. La inversión privada no es una opción, es una condición.
Y luego está Anthropic. En la misma semana en que Washington discutía el futuro de la economía global, la empresa de inteligencia artificial creadora de Claude desató una alarma que pocos esperaban. Su nuevo modelo, Claude Mythos Preview, es capaz de colapsar el tiempo necesario para encontrar vulnerabilidades de ciberseguridad: de meses a apenas segundos. Para entenderlo con peras y manzanas: imaginen que existe un ladrón que tardaba seis meses en aprender a abrir una caja fuerte. Mythos lo hace en tres segundos, y además encuentra puertas traseras que nadie sabía que existían. El modelo encontró una vulnerabilidad de 27 años en OpenBSD, un sistema operativo reconocido precisamente por ser uno de los más seguros del planeta. Ante eso, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, convocaron de urgencia a los directores ejecutivos de los principales bancos de Wall Street para alertarlos sobre los riesgos sistémicos que plantea el modelo. Anthropic decidió no liberarlo masivamente. En cambio, limitó su distribución a apenas unas pocas docenas de empresas y lanzó el Proyecto Glasswing junto con JPMorgan, Amazon y Google para proteger infraestructura crítica. La empresa, además, está en pleito legal con el Pentágono: el Departamento de Defensa la designó como riesgo en la cadena de suministro después de que Anthropic se negó a permitir el uso de sus modelos para vigilancia masiva de ciudadanos y para armas autónomas letales.
Lo que revelan todos estos episodios, vistos en conjunto desde Washington esta semana, es que el mundo no enfrenta una crisis sino varias superpuestas: una guerra que sacude los mercados energéticos, una deuda bbbglobal que no para de crecer, una región latinoamericana que sigue atrapada en el bajo crecimiento, y una tecnología que avanza más rápido que la capacidad de los estados para regularla. Como señaló el análisis del FMI publicado en el marco de las reuniones, los conflictos ya no son riesgos de cola: están dando forma a las proyecciones de base.
La buena noticia, si es que la hay, es que las instituciones multilaterales todavía existen, todavía tienen recursos y todavía tienen algo que decir. La pregunta es si el mundo está escuchando.







