Según un reporte de The Wall Street Journal, China emergió como el actor determinante para que Irán aceptara la tregua de dos semanas con Estados Unidos. Aunque potencias regionales como Pakistán, Turquía y Egipto facilitaron la logística de la tregua, fue la presión económica y diplomática de Pekín la que finalmente dobló la resistencia de Teherán.
Incursión diplomática y capital político
El papel de Xi Jinping en este conflicto marca un cambio de paradigma en la política exterior china:
- Presión sobre Teherán: Pekín, principal comprador del petróleo iraní, utilizó su influencia comercial para advertir a la República Islámica sobre las consecuencias de una escalada total, especialmente tras las amenazas de Donald Trump de atacar infraestructura energética.
- Gesto hacia Trump: Al lograr que Irán cediera, Xi Jinping ha acumulado un valioso capital diplomático que planea utilizar en la cumbre bilateral programada para mayo en China.
- Reconocimiento de la Casa Blanca: El propio presidente Trump ha señalado a China como responsable de traer a Irán a la mesa, confirmando que ambos gobiernos discutieron el plan de alto el fuego «al más alto nivel».
El nuevo equilibrio en el Estrecho de Hormuz
La intervención china no fue solo mediación, sino una medida de autoprotección:
- Seguridad Energética: China importa casi la totalidad de su petróleo de la región, por lo que el bloqueo del Estrecho de Hormuz representaba una amenaza existencial para su economía.
- Multipolaridad: Al desplazar parcialmente el papel mediador tradicional de los aliados europeos, China se posiciona como el «garante de estabilidad» en una región donde Estados Unidos ha mantenido la hegemonía por décadas.






