El Gobierno de Robert Golob impuso un límite de 50 litros diarios por vehículo ante el desabasto provocado por la guerra con Irán; camiones militares reforzarán la distribución de carburantes en todo el país.
La onda expansiva del conflicto bélico en Oriente Medio ha golpeado de lleno la estabilidad energética del continente europeo. Este domingo, el Gobierno de Eslovenia se vio obligado a implementar restricciones temporales y severas a la compra de combustible, tras registrarse escenas de caos y desabasto en las estaciones de servicio de todo el país. La medida responde a una escasez crítica derivada del acopio de pánico por parte de la población y un aumento masivo del repostaje transfronterizo, impulsado por la incertidumbre que genera la guerra con Irán que involucra a Estados Unidos e Israel.
Según lo anunciado por el primer ministro esloveno, Robert Golob, las nuevas directrices limitan el suministro a un máximo de 50 litros diarios para vehículos privados. Para las empresas y sectores estratégicos, como el agrícola, el tope se ha fijado en 200 litros. Estas restricciones, que entran en vigor de manera inmediata, permanecerán vigentes hasta nuevo aviso, en un intento por estabilizar el mercado interno y evitar que las reservas nacionales se agoten prematuramente ante la interrupción de las rutas de suministro globales por el bloqueo en el Estrecho de Ormuz.
A pesar de las largas filas de vehículos que se han formado en las gasolineras de la empresa estatal Petrol, el mandatario intentó calmar a la opinión pública asegurando que el problema no es de inventario, sino de logística.
afirmó Golob.
«Quiero asegurarles que hay suficiente combustible en Eslovenia; los almacenes están llenos y no habrá escasez absoluta»
Sin embargo, reconoció que la red de distribución civil está colapsada, por lo que el Ejército Esloveno ha recibido la orden de intervenir utilizando camiones cisterna militares para agilizar el traslado de suministros desde los depósitos centrales hacia las estaciones de servicio.
La situación en Eslovenia es un reflejo de la vulnerabilidad europea ante la guerra con Irán. Al ser un país de tránsito, el fenómeno del «turismo de combustible» —donde ciudadanos de países vecinos cruzan la frontera para llenar sus tanques ante el temor de una escalada de precios internacional— ha acelerado el desabasto local. Mientras las sirenas de guerra suenan en el Golfo Pérsico, en las calles de Liubliana la prioridad ha pasado a ser la gestión de una economía de guerra que amenaza con paralizar el transporte y la producción alimentaria en el corazón de Europa.






