El presidente Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, enfrentan su desacuerdo más notable desde el inicio de la guerra de 20 días contra Irán. La tensión escaló luego de que Israel decidiera atacar el yacimiento de gas de South Pars, una infraestructura de vital importancia para la economía iraní, decisión que Trump desaprobó públicamente.
Impacto energético y represalias de Irán
El ataque contra el yacimiento de gas más grande del mundo provocó represalias inmediatas por parte de Teherán contra la infraestructura energética de otros países en Oriente Medio. Esta escalada ha disparado los precios mundiales de la energía y ha llevado a los aliados del Golfo a solicitar la intervención de Trump para frenar las acciones de Netanyahu.
Durante una reunión en el Despacho Oval con la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, Trump fue tajante ante los medios: “Le dije: ‘No hagas eso’”, declaró, enfatizando que no aprobaba el objetivo estratégico de Israel. Aunque afirmó que mantienen una buena relación, admitió que “de vez en cuando (Netanyahu) hace algo que no me gusta”.
¿Falta de coordinación o estrategia oculta?
Por su parte, Netanyahu afirmó que Israel “actuó solo”, aunque confirmó que accedió a la petición de Trump de suspender cualquier ataque adicional contra el sector energético iraní. El primer ministro intentó minimizar el distanciamiento, asegurando que la coordinación continúa.
Sin embargo, existe una contradicción en las versiones oficiales:
- Postura de Trump: Publicó en redes sociales que Estados Unidos “no sabía nada” sobre el ataque antes de que ocurriera
- Fuentes internas: Personas familiarizadas con el asunto aseguraron que Washington estaba al tanto del plan antes de ejecutarse y que los objetivos de Israel se coordinan estrechamente con la Casa Blanca.
Este episodio marca una fisura en la alianza en un momento crítico de la guerra.






