Los servicios de emergencia y Salvamento Marítimo de España rescataron a más de 3.200 personas migrantes en las costas de las Islas Canarias durante los primeros seis días de noviembre. El arribo ininterrumpido de cayucos y pateras procedentes de África Occidental ha tensado al máximo la capacidad asistencial, sanitaria y de acogida temporal del archipiélago, reavivando el debate sobre la gestión de la crisis migratoria y la distribución territorial de los recién llegados hacia la península ibérica.
Las embarcaciones partieron desde puntos costeros de Senegal, Mauritania y Marruecos para atravesar la ruta migratoria atlántica, catalogada por organismos de derechos humanos y agencias de la ONU como una de las más peligrosas y mortíferas del planeta debido a las fuertes corrientes oceánicas, la precariedad de las naves y las travesías que pueden prolongarse por semanas en alta mar. Gran parte de los contingentes desembarcaron en las islas de El Hierro, Tenerife y Gran Canaria, donde los protocolos de primera atención debieron duplicar turnos para asistir a personas con cuadros de hipotermia, deshidratación severa y agotamiento extremo.
El repunte de llegadas coincide con una ventana habitual de calma marítima estacional, intensificando la presión sobre los centros de retención y la red de protección de menores extranjeros no acompañados, cuya custodia satura la capacidad administrativa del gobierno autonómico canario. Las autoridades locales han reiterado su llamado al gobierno central de Madrid y a la Unión Europea para acelerar los mecanismos de derivación solidaria entre comunidades autónomas y reforzar la cooperación preventiva y policial con los países de origen y tránsito en la costa africana.














