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Aunque los demócratas ya aseguraron el control del Congreso tras las elecciones, el proceso electoral sigue abierto debido a que todavía quedan votos por contabilizar y decenas de contiendas pendientes. En estados como Alaska y Mississippi aún no es posible determinar un ganador definitivo, una situación que se repite en al menos 71 distritos para la Cámara de Representantes, por lo que las autoridades advierten que conocer los resultados oficiales finales podría demorar varias semanas.

De acuerdo con el Campaign Legal Center, el cierre de las urnas marca el inicio de una serie de rigurosos procedimientos administrativos y legales obligatorios. Esta fase contempla el escrutinio detallado de los votos emitidos mediante modalidades anticipadas, por correo y presenciales, culminando con la certificación oficial que cada estado remite formalmente a las oficinas del Congreso en Washington para validar los triunfos.

Una vez superada esta etapa de conteo y antes de que el nuevo periodo legislativo comience en enero, los candidatos electos suelen trasladarse a la capital estadounidense. Allí participan en jornadas intensivas de orientación organizadas por instituciones como el Bipartisan Policy Center, diseñadas para familiarizar a los nuevos legisladores con las complejas dinámicas de trabajo administrativo y parlamentario del Capitolio.

El primer día de sesiones en enero, la Cámara de Representantes elegirá formalmente a su nuevo presidente, un puesto para el que suena con fuerza el líder demócrata Hakeem Jeffries tras obtener la mayoría. Tras esta votación, todos los miembros prestarán juramento, se definirán los cargos directivos internos de los partidos y se iniciará el prolongado proceso de asignación de escaños en los comités permanentes.