La población latina en Estados Unidos, estimada en unos 70 millones de personas de las cuales aproximadamente el 80% cuenta con ciudadanía estadounidense, se consolidó como un factor decisivo en las elecciones de medio mandato. Cerca de 36 millones de electores hispanos están habilitados para participar en los comicios que definirán el equilibrio de poder en el Senado y la Cámara de Representantes para la segunda mitad de la administración del presidente Donald Trump.
Estudios demográficos recientes refutan la percepción de que la comunidad latina es monolítica o compuesta mayoritariamente por indocumentados, al revelar que el 59% proviene de México, seguido por Puerto Rico con el 9,5%, Cuba con el 3,9%, El Salvador con el 3,9% y República Dominicana con el 3,7%. Además, cada año alrededor de un millón de latinos nacidos en territorio estadounidense alcanzan la mayoría de edad para votar, diversificando y ampliando de forma acelerada la base electoral de este sector.
De acuerdo con datos del Pew Research Center, la economía encabeza las prioridades de los votantes latinos con el 86% de las menciones, seguida por el cuidado de la salud con el 80%, la educación con el 75%, el futuro de la democracia con el 69% y la inmigración con el 64%. Asimismo, las encuestas indican que el 55% de los electores hispanos visualiza los comicios como una oportunidad para sufragar en contra de la administración federal actual, frente a un 14% que busca respaldarla.
El peso de este electorado se concentra en estados y distritos disputados donde el voto de la clase trabajadora hispana comparte las mismas preocupaciones económicas y financieras que el resto de la población general. Con una ventaja de hasta 40 puntos a favor de los demócratas según sondeos nacionales recientes, la participación de este segmento demográfico resulta determinante para definir la correlación de fuerzas en el Congreso estadounidense.













