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El Congreso de Honduras aprobó un paquete de reformas penales que amplía la aplicación de la prisión perpetua para determinados delitos, incluidos asesinatos de policías, jueces y fiscales relacionados con el ejercicio de sus funciones, así como conductas vinculadas con maras y pandillas. La decisión forma parte de una estrategia de endurecimiento de las medidas contra el crimen organizado.

La aprobación ocurrió el 27 de octubre, en medio de las exigencias de mayor seguridad tras ataques contra integrantes de las fuerzas policiales. De acuerdo con los reportes sobre la sesión legislativa, las modificaciones también contemplan sanciones más severas para integrantes y dirigentes de estructuras criminales, además de cambios en procedimientos de detención y actuación policial.

Entre las disposiciones que generan debate se encuentran las facultades para realizar determinados allanamientos sin orden judicial previa y la ampliación de algunos plazos para presentar requerimientos fiscales. Estas medidas buscan facilitar la actuación de las autoridades, pero también plantean interrogantes sobre los controles judiciales y las garantías de las personas detenidas.

El debate debe distinguir entre prisión perpetua y pena de muerte. La Constitución hondureña prohíbe expresamente la pena capital; por tanto, la reforma no supone su aprobación. Además, la prisión perpetua ya estaba contemplada en la legislación del país para ciertos delitos, aunque el nuevo paquete amplía los supuestos de aplicación.

El Gobierno y los promotores de las reformas defienden las medidas como instrumentos para enfrentar a las organizaciones criminales. En contraste, especialistas y representantes de derechos humanos han advertido sobre la necesidad de garantizar el debido proceso y evitar detenciones arbitrarias.

La aplicación concreta de las nuevas disposiciones dependerá del texto definitivo de las reformas y de su cumplimiento con las normas constitucionales y los compromisos internacionales de Honduras.