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La representante de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen, inauguró formalmente este domingo su campaña rumbo a la presidencia en un mitin multitudinario celebrado en la ciudad de Orleans, donde proclamó su aspiración de liderar el «renacimiento» de Francia y fijó como objetivo prioritario el combate a «todos los oscurantismos», señalando en primer orden a la ideología islamista.

Durante su intervención, la fundadora y referente de Agrupación Nacional (RN) remarcó su proyecto de modernización defensiva: «Ambiciono dotar a Francia de nuevo de un ejército potente y moderno», a la par de asegurar que su plataforma rechaza «la estigmatización de las mujeres en nombre de un dogma de otro tiempo».

La política se sitúa a la cabeza de todas las mediciones demoscópicas para tomar el relevo de Emmanuel Macron, impedido por mandato legal de buscar un nuevo periodo consecutivo. Los sondeos proyectan que Le Pen lideraría con amplitud la primera ronda electoral —captando hasta un 38 % de los sufragios— y superaría a cualquier contrincante en el balotaje definitivo.

El auge de su fuerza partidista coincide con la fragmentación de las opciones de centro y el declive estructural de los partidos tradicionales. En el espectro opositor, el líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, perfilado como su principal rival, enfrentaría dificultades severas para articular transferencias de voto en una eventual segunda vuelta, derivando en una contundente derrota según las encuestas.

Entre los ejes rectores de su plataforma de gobierno figuran un estricto paquete de medidas de seguridad pública, un rígido control en la política migratoria, la expulsión de extranjeros con estatus irregular y una reforma constitucional vía referéndum, sin descartar confrontaciones directas con los lineamientos de la Unión Europea.