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En un periodo de tan solo seis semanas, Rusia avanzó significativamente en la construcción de una base militar estratégica destinada al lanzamiento de drones impulsados por propulsión a chorro en la región de Rostov, al suroeste del país. De acuerdo con análisis de imágenes satelitales comerciales facilitadas por las firmas Planet Labs y Airbus, el terreno que a finales de agosto figuraba como un descampado se transformó en un complejo operativo equivalente a la extensión de 126 campos de fútbol, según un reporte periodístico de Reuters.

Especialistas en inteligencia de la firma DroneSec detallaron que la nueva infraestructura cuenta con al menos ocho plataformas para rieles de lanzamiento con capacidad para operar los modelos Geran 4 y Geran 5, las versiones más avanzadas de vehículos aéreos no tripulados rusos. La rápida edificación del recinto amplía la red de al menos 11 sitios fijos de lanzamiento que las fuerzas rusas emplean activamente para ejecutar incursiones aéreas sobre territorio ucraniano.

La consolidación del complejo coincide con el incremento en el uso de drones a reacción que alcanzan velocidades de hasta 600 kilómetros por hora, un factor técnico que dificulta las labores de interceptación por parte de las defensas antiaéreas ucranianas. Ante la aproximación del periodo invernal y con el conflicto armado extendiéndose por su quinto año, las autoridades en Kiev prevén una intensificación en las ofensivas combinadas mediante misiles y aeronaves no tripuladas de mayor velocidad.

El vertiginoso desarrollo militar se registra en medio de un paulatino incremento de la tensión geopolítica entre Moscú y la Alianza del Atlántico Norte. Analistas del sector advierten que la fabricación a escala industrial de estos drones, sumada a las limitaciones en los sistemas de defensa antidrones de diversos países de la OTAN, representa un reto estratégico directo para la seguridad del bloque occidental.