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Una investigación realizada por la agencia Reuters sacó a la luz la estrategia militar con la que Irán y sus milicias aliadas han logrado contener la presión de las fuerzas armadas de Estados Unidos. A través de una campaña de al menos 135 ataques de precisión con drones y misiles, el país islámico ha impactado infraestructura civil y energética clave en al menos 84 instalaciones de los países del Golfo Pérsico desde el inicio del conflicto.

El reporte destaca que la ofensiva iraní no ha sido indiscriminada, sino dirigida a componentes operativos esenciales cuyo daño genera fallas en cadena y cuantiosas pérdidas económicas. Entre los objetivos estratégicos alcanzados figuran los sistemas de refrigeración de la planta de gas natural licuado de Ras Laffan en Catar, el puerto de Fujairah en los Emiratos Árabes Unidos, la central nuclear de Barakah, además de oleoductos y aeropuertos comerciales en Arabia Saudita.

Especialistas militares y analistas de inteligencia consultados por Reuters señalaron que la selección de blancos evidencia un alto nivel de conocimiento técnico y planificación, ya que muchos de los equipos destruidos se encontraban ocultos dentro de estructuras o contaban con un área de exposición de pocos metros.

Pese a que los gobiernos de la región han atribuido de forma constante los destrozos a la caída de fragmentos tras interceptaciones aéreas exitosas, la evidencia fotográfica y satelital confirma detonaciones directas en puntos críticos. Esta capacidad de respuesta de la República Islámica le ha permitido mantener una posición de fuerza en las negociaciones y consolidar un control efectivo sobre el comercio global en el estrecho de Ormuz.