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El próximo 3 de noviembre se celebrarán las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, jornada en la que la ciudadanía definirá la composición del Congreso y determinará si el Partido Republicano logra retener sus mayorías en ambas cámaras frente al avance de la oposición demócrata.

En la Cámara de Representantes, donde los republicanos mantienen un margen ajustado de 219 escaños frente a 214 de los demócratas, los promedios de intención de voto proyectan un panorama favorable a la oposición. El portal RealClearPolitics ubica a los demócratas al frente con el 50.2 % de la preferencia contra un 41.9 % del oficialismo, mientras que estimaciones de Cook Political Report sugieren que la bancada demócrata podría arrebatar hasta 18 distritos clave y superar el umbral de los 230 asientos.

En cuanto al Senado, los republicanos ponen en juego su actual control de 53 bancadas frente a 47 de los demócratas. La contienda se concentra en siete estados decisivos —Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Míchigan, Ohio y Texas—, donde la oposición necesitaría arrebatar cuatro escaños en manos conservadoras para revertir el balance de poder en la Cámara Alta.

De manera paralela, la jornada electoral renovará 36 gobernaturas. Entre los estados más relevantes destacan California y Nueva York con ventaja para los demócratas Xavier Becerra y Kathy Hochul, así como Texas y Florida liderados por los republicanos Greg Abbott y Byron Donalds; mientras que las contiendas en Georgia, Nevada, Ohio y Wisconsin se mantienen con pronóstico reservado.

El panorama preelectoral se desarrolla en un contexto de desgaste para la administración del presidente Donald Trump, marcado por la inflación y el incremento en los precios de los combustibles. De acuerdo con el Centro Pew, la aprobación de la gestión económica del mandatario cayó al 35 %, situando a los indicadores financieros como el eje central del debate en la recta final de la campaña.