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Las detenciones por motivos migratorios en Estados Unidos registraron un incremento sostenido durante los últimos meses, impulsadas por una mayor colaboración de las policías locales con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), el uso de tecnología avanzada de rastreo y un intercambio de información más eficiente entre agencias federales.

Sin embargo, cifras preliminares del gobierno estadounidense analizadas por la agencia Reuters revelan que la campaña de arrestos masivos de este verano no vino acompañada de un aumento proporcional en las deportaciones. Pese a que las detenciones alcanzaron un récord de casi 51 mil casos en agosto por tercer mes consecutivo, las expulsiones se mantuvieron estables en un promedio de unas mil 200 diarias, una cifra similar a la registrada en mayo, mes en el que se reportaron cerca de 19 mil detenciones menos.

Según explicaron cinco funcionarios actuales y retirados, esta disparidad responde al perfil de las personas detenidas, entre las que figura un número creciente de ciudadanos sin antecedentes penales, sin cargos previos y sin órdenes de deportación firmes. Muchos de estos individuos cuentan con solicitudes de asilo u otros recursos legales pendientes, lo que impide su expulsión inmediata a menos que renuncien voluntariamente a sus derechos.

Exempleados gubernamentales señalaron que la escasez de vuelos disponibles y las restricciones impuestas por los países de origen limitan el ritmo de las repatriaciones. Por su parte, la portavoz de la Casa Blanca, Lauren Bis, desestimó las cifras y aseguró que, gracias a las políticas de control del presidente Donald Trump, tres millones de inmigrantes indocumentados han abandonado el país.