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La tendencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a rebautizar accidentes naturales para remarcar el dominio de su país, como el reciente cambio del lago Ontario a lago América, evoca la costumbre histórica de reclamar como propio el nombre de todo un continente, según reportes periodísticos de EFE.

En su regreso a la Casa Blanca, Trump firmó una orden para renombrar el golfo de México como golfo de América con el fin de «restaurar» apelativos que honran la grandeza estadounidense. En plena tensión comercial con Canadá, ordenó cambiar el lago Ontario a lago América y sugirió renombrar el estado de Nuevo México como Nueva América.

El historiador Daniel Immerwahr señala que, aunque el país adoptó el nombre de América tras su expansión colonial de ultramar en 1898 al arrebatar territorios a España, el término solía ser evitado por los padres fundadores, quienes preferían denominaciones institucionales como la Unión o la República.

Hoy, bajo su llamada «doctrina Donroe», Trump reedita esa hegemonía mediante acciones de fuerte carga simbólica. Los cambios toponímicos sólo se han aplicado de manera interna en documentos oficiales de Estados Unidos y en plataformas digitales como Google y Apple Maps para usuarios de ese país.

Estas iniciativas de Estados Unidos han trascendido el ámbito diplomático para instalarse en el terreno de la sátira y la cultura popular. Las acciones del mandatario motivaron incluso parodias en la televisión, como el anuncio de los creadores de la serie South Park sobre un cambio temporal en su título.