Los esfuerzos multilaterales para pacificar una de las arterias energéticas más transitadas del planeta sufrieron un revés definitivo este día. La cancillería de Omán confirmó la postergación indefinida de la cumbre que se llevaría a cabo en Salalah, un cónclave donde delegados de Irán y de las monarquías del Golfo pretendían trazar rutas de navegación seguras y blindar el tráfico comercial frente a la creciente hostilidad en la región.
El ministro omaní, Sayyid Badr bin Hamad Al Busaidi, justificó la medida bajo el argumento de requerir más tiempo para limar asperezas, sin comprometer una fecha para retomar las conversaciones.
El colapso temporal de la mesa de diálogo coincide con un repunte de la violencia en el agua. Un barco mercante de bandera iraní resultó impactado cerca de la isla de Qeshm, agresión que cobró la vida de un tripulante y dejó a otros cuatro lesionados, según los reportes oficiales emitidos desde Teherán.
Este atentado se imbrica en una red de conflictos paralelos, marcados por las incursiones de los rebeldes hutíes en territorio yemení y las amenazas latentes sobre corredores comerciales críticos como Bab el-Mandeb.









