Frente al endurecimiento de la política exterior estadounidense, Irán confirmó que responderá a la ampliación de las medidas punitivas anunciadas por el Departamento del Tesoro, las cuales buscan asfixiar su economía. A pesar de la ofensiva financiera liderada por el secretario Scott Bessent, Irán aseguró que sus principales socios comerciales lograrán sortear el cerco.
La estrategia de Estados Unidos, implementada a casi medio año de un prolongado conflicto, optó por un margen de flexibilidad al excluir de las listas negras a las entidades financieras chinas vinculadas a la compra de crudo iraní. Este compás de espera responde a las prioridades comerciales de la administración del presidente Donald Trump y a su interés por proteger el suministro de minerales críticos de Beijing.
En medio de esta tensión comercial y de los bloqueos navales que han deprimido las exportaciones petroleras hacia el gigante asiático, canales diplomáticos alternativos comenzaron a operar. Abbas Golroo, representante del parlamento iraní, reveló que el jefe del ejército de Pakistán, Asim Munir, funcionó como emisario para transmitir un mensaje directo de la Casa Blanca.

De acuerdo con fuentes gubernamentales del país surasiático, las conversaciones evidenciaron una apertura por parte de las autoridades iraníes para retomar el proceso de negociación. El intermediario paquistaní aseguró que Washington estaría dispuesto a revertir las restricciones antes o durante el reinicio de las mesas de diálogo.
El Departamento del Tesoro anunció penalizaciones contra 60 personas, entidades y embarcaciones, aunque evitó aplicar sanciones más severas para dar tiempo al cumplimiento de la directiva. Ni la Casa Blanca ni el Departamento de Estado emitieron comentarios inmediatos sobre estas gestiones diplomáticas en curso.
Pese a los indicios de acercamiento y al renovado interés por reactivar un canal político paralizado, la administración de Teherán mantiene su advertencia de contraatacar. El gobierno iraní confía en la resistencia de su red comercial y en la autonomía de sus aliados frente a las presiones monetarias de Estados Unidos.







