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A cinco años del regreso del régimen talibán al poder en Afganistán, el país enfrenta un marcado aislamiento internacional, el colapso de la economía y una severa crisis humanitaria. Pese a las sanciones financieras de la ONU y potencias occidentales, el gobierno ha logrado un respiro económico con proyectos de inversión de China y Rusia para extraer petróleo, cobre y litio.

El escenario regional registra crecientes tensiones fronterizas con Pakistán, motivadas por acusaciones de refugio al grupo insurgente Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), lo que ha provocado bombardeos transfronterizos. Las relaciones históricas entre Kabul y Islamabad se encuentran en su punto más crítico. Esta disputa ha escalado a bombardeos transfronterizos. Esto se suma a los ataques internos del Estado Islámico (ISIS-K).

En el ámbito social, la población sufre una grave asfixia financiera agravada por la expulsión de casi seis millones de refugiados afganos desde países vecinos. Asimismo, la UNESCO reporta que 2.4 millones de niñas sufren exclusión educativa, mientras las restricciones del apartheid de género desmantelan la vida civil y los servicios de salud. La UNESCO reporta que al menos 2.4 millones de niñas permanecen totalmente excluidas de la educación secundaria y universitaria. Las restricciones, no solo han borrado a la población femenina de la vida civil, sino que han desmantelado los sistemas locales de salud.