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Las delegaciones de Líbano e Israel comenzaron en Roma su séptima ronda de conversaciones bilaterales bajo la mediación de Estados Unidos, con el propósito de coordinar la retirada de las fuerzas israelíes del sur del Líbano y facilitar el despliegue del ejército libanés en los territorios ocupados. Los encuentros, supervisados por el Departamento de Estado en la embajada estadounidense, contemplan además la delimitación de la frontera terrestre y la estabilización de la Línea Azul.

Sin embargo, las conversaciones chocan con fuertes resistencias políticas y operativas. Mientras la administración del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu condiciona la firma de cualquier acuerdo al desarme verificado de la milicia Hezbolá, el grupo chií —a través de su líder Naim Qassem— rechazó los diálogos por considerarlos una «humillación» y descartó la entrega de su armamento. A pesar de estas diferencias, el gobierno libanés busca acelerar una solución diplomática para frenar la crisis tras la ofensiva iniciada el 2 de marzo, la cual acumula más de 4.300 fallecidos en su territorio.