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Once ciudades estadounidenses que fueron sede del Mundial están reclamando a la FIFA el pago de un millón de dólares para cada una. Según los comités organizadores locales, este monto les fue prometido verbalmente por la alta dirección del organismo como una contribución de «legado» para proyectos sociales y la construcción de minicanchas. Sin embargo, a pesar de las reiteradas promesas en reuniones privadas, el dinero aún no ha sido entregado.

La frustración de las ciudades surge tras haber asumido la mayor parte de los costos operativos del torneo, que incluyen seguridad, transporte y logística, sumando miles de millones de dólares en gastos públicos. Mientras tanto, la FIFA se quedó con la gran mayoría de los ingresos provenientes de entradas, derechos de transmisión y patrocinios. Como ejemplo, tan solo en Kansas City, la inversión pública superó los 86 millones de dólares.

El retraso en los pagos está generando serios problemas administrativos, ya que muchos comités organizadores locales están en proceso de disolver sus operaciones tras el evento. Sin una confirmación oficial del pago, estas entidades no saben si deben incluir esos fondos en sus informes financieros finales para las autoridades locales. Por su parte, la FIFA ha optado por no emitir comentarios públicos sobre esta situación.

Para los ejecutivos locales, resulta difícil comprender por qué una organización que generó más de 15 mil millones de dólares en ingresos recientemente se muestra evasiva ante pagos que consideran pequeños en comparación con el presupuesto global. Mientras el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, enfrenta otras presiones políticas, las ciudades anfitrionas continúan presionando para que se cumpla el compromiso que ayudó a subvencionar el éxito del torneo.