Irán busca mantener el control sobre el tráfico marítimo de entrada a través del Estrecho de Ormuz y visibilidad sobre el de salida, reservándose la capacidad de intervenir si es necesario, en un planteamiento que forma parte de un plan temporal que se discute con Omán para reabrir esta ruta fluvial estratégica, según reveló a Reuters una alta fuente iraní involucrada en las negociaciones.
La fuente especificó que el carril de salida transcurriría por una ruta ubicada entre Irán y Omán, donde la autorización de salida se concedería a través de territorio omaní tras notificar previamente a Teherán. Aunque el informante advirtió que es poco probable que Irán modifique esta postura, destacó que el país ya ha mostrado flexibilidad al renunciar a su exigencia inicial de tener el control total del tráfico en ambas direcciones.
El mes pasado, Teherán rechazó una propuesta omaní que planteaba una división equitativa de las rutas de tránsito entre ambos países, argumentando que no atendía adecuadamente sus preocupaciones de seguridad a la espera de una estabilidad regional a largo plazo. El control de este estrecho paso entre el Golfo y el Océano Índico, vital para una quinta parte del suministro mundial de petróleo, se ha convertido en el principal obstáculo para poner fin al conflicto con EE. UU. e Israel iniciado a finales de febrero.
Estados Unidos sostiene que el memorando de entendimiento firmado con Teherán en junio para detener la guerra exigía la reapertura inmediata del paso estratégico, mientras que la contraparte iraní defiende que el texto preserva expresamente su autoridad sobre la navegación. Antes del estallido del conflicto, los buques transitaban libremente por esta zona que abarca aguas territoriales de Irán y Omán, bajo un esquema de separación de tráfico adoptado por la ONU en 1968.
El estrecho, un corredor de 34 kilómetros de ancho, sigue siendo el paso neurálgico para las exportaciones energéticas de Medio Oriente y otros bienes esenciales como los fertilizantes. La disputa sobre su reapertura mantiene en vilo a los mercados internacionales, reflejando las profundas discrepancias técnicas y de soberanía que aún obstaculizan una normalización completa del tráfico en la región.









