El número de víctimas mortales tras el terremoto de magnitud 7.1 que sacudió el suroeste de Japón aumentó a 18, mientras los equipos de emergencia intensifican las labores de búsqueda de sobrevivientes bajo los escombros. El sismo, que alcanzó el nivel máximo de 7 en la escala nipona, tuvo su epicentro en la prefectura de Kumamoto durante la tarde del martes.
Entre los decesos más recientes se confirmaron cinco víctimas fatales debido al colapso de una chimenea en la planta de Yatsushiro, perteneciente a la compañía Nippon Paper Industries. Asimismo, tres personas perdieron la vida en el interior de un centro comercial de la cadena Aeon, donde las autoridades locales advirtieron que aún hay personas desaparecidas.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, calificó las operaciones de rescate como una verdadera carrera contrarreloj al cumplirse más de 20 horas desde el desastre. Por su parte, el portavoz del Gobierno, Minoru Kihara, reconoció las dificultades actuales para contabilizar con exactitud a los desaparecidos y personas atrapadas.
Para hacer frente a la emergencia, el Ejecutivo desplegó un operativo masivo integrado por aproximadamente 4 mil 600 efectivos de las Fuerzas de Autodefensa, 2 mil agentes de policía y más de mil 400 bomberos. Takaichi solicitó a las unidades operativas incrementar de forma continua tanto el personal como el equipo especializado.
Los centros médicos de la región se encuentran saturados tras la llegada masiva de heridos con fracturas y lesiones provocadas por la caída de objetos y muebles. Solo en el hospital Saiseikai Kumamoto y en el Yatsushiro North Community Medical Center se atiende a cientos de afectados, superando la capacidad habitual de las instalaciones sanitarias.
Los datos oficiales de la prefectura de Kumamoto indican que cerca de 8 mil 890 personas han sido evacuadas de sus hogares de manera preventiva. Además, el movimiento telúrico provocó cortes masivos en el suministro eléctrico que afectaron a más de 34 mil 800 viviendas en la zona afectada.
Japón se ubica sobre el Anillo de Fuego del Pacífico, una de las regiones sísmicas más activas del planeta, lo que somete al país a constantes movimientos telúricos. A pesar de que sus infraestructuras están diseñadas para resistir sismos, la magnitud y violencia de este evento volvieron a poner a prueba los protocolos de emergencia locales.













