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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió pausar de manera temporal los planes para intensificar la campaña militar contra Irán, de acuerdo con un reporte del periódico The New York Times. La determinación se tomó luego de que el Pentágono y altos asesores advirtieran que un conflicto a mayor escala agotaría peligrosamente el inventario de defensas antiaéreas en Medio Oriente.

La preocupación central gira en torno a los misiles interceptores Patriot. Hasta finales de abril, las fuerzas estadounidenses habían disparado más de 1,200 de estos proyectiles —con un costo superior a los 4 millones de dólares cada uno—. El general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, advirtió que una ofensiva prolongada reduciría críticamente la capacidad de respuesta del Comando Central de EE. UU. (CENTCOM).

Esta advertencia surge tras dos semanas de combates donde bases norteamericanas en Jordania, Kuwait, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos sufrieron continuos embates de drones y misiles iraníes, los cuales dejaron un saldo de tres soldados estadounidenses fallecidos en suelo jordano.

Además del desabasto defensivo, la Casa Blanca contempló otros riesgos estratégicos:

  • Desencadenar una conflagración regional que involucre de lleno a países limítrofes.
  • Tensionar la relación con aliados clave del Golfo Pérsico.
  • Agravar las crisis global energética y de desplazamiento de refugiados.

Aunque la administración estadounidense evaluaba bombardeos masivos contra radares, instalaciones energéticas y plantas nucleares como Pickaxe Mountain, tras 13 noches seguidas de ataques la ofensiva fue congelada. Asesores como Jared Kushner sugieren priorizar la vía diplomática y la presión económica —con la cual se logró que China redujera 40% sus compras de crudo iraní—, aunque Washington aclaró que la opción militar permanece abierta.