A un cuarto de siglo de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las consecuencias humanas de la tragedia continúan golpeando al Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY). Un total de 4 mil 257 miembros han sido diagnosticados con cáncer y 12 mil 161 con al menos una enfermedad atribuida directamente a la exposición masiva a las toxinas del World Trade Center, de acuerdo con informes recientes de la institución.
Aquella soleada mañana, mientras miles de civiles huían del Bajo Manhattan, miles de bomberos, paramédicos y rescatistas caminaron en dirección contraria hacia la Zona Cero. La inmensa nube de polvo, escombros y humo tóxico que envolvió la zona tras el colapso de las torres dejó una huella biológica imborrable que tardaría años en manifestarse.
Testimonios de sobrevivientes como el extécnico de emergencias médicas Joe Conzo, diagnosticado con cáncer de hígado y de páncreas, o el exlíder sindical Izzy Miranda, afectado por problemas respiratorios crónicos, ilustran el costo humano de aquellas jornadas de rescate.
Pese a que en su momento las autoridades sanitarias declararon que el aire era seguro, las cifras oficiales revelan que más de 10 mil 560 rescatistas sufren afecciones físicas, cerca de 4 mil 500 padecen trastornos de salud mental y más de 600 miembros del FDNY han fallecido a causa de padecimientos vinculados al desastre.









