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La residencia de estilo Tudor ubicada en el distrito neoyorquino de Queens, donde Donald Trump vivió hasta los cuatro años, fue adquirida por 1.93 millones de dólares. La transacción se concretó tras una profunda rehabilitación de ocho meses que rescató el inmueble de un estado de abandono total.

El edificio, construido en 1940 por el patriarca inmobiliario Fred Trump en el vecindario de Jamaica Estates, experimentó múltiples transacciones y periodos de desuso en las últimas décadas. Su anterior propietario, el promotor Tommy Lin, invirtió medio millón de dólares para transformar el espacio —afectado por filtraciones de agua y una plaga de felinos— en una vivienda contemporánea dotada de acabados de alta gama.

El inmueble, provisto de cinco dormitorios y tres baños, había alcanzado altas cotizaciones tras la llegada de Trump a la presidencia en 2017, momento en que operó brevemente como alquiler vacacional decorado con motivos alusivos al magnate. No obstante, las fluctuaciones del mercado y el deterioro estructural enfriaron su valor hasta la reciente intervención privada que permitió su comercialización.