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En un paso decisivo para poner fin a un conflicto armado de más de cuatro décadas, el Parlamento de Turquía aprobó una ley que permite el regreso y la reintegración social de los integrantes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), grupo guerrillero refugiado principalmente en el norte de Irak. La medida impulsada por el presidente Tayyip Erdogan busca la disolución definitiva del grupo y la suspensión de penas para varios encarcelados, en una guerra que ha dejado más de 40,000 muertos.

Sin embargo, la decisión generó un fuerte rechazo en ciudades como Ankara, donde veteranos de guerra y familias de soldados fallecidos salieron a protestar. Los manifestantes consideran que la ley representa un «indulto» inaceptable para un grupo catalogado durante años como terrorista y critican la reincorporación a la vida pública de quienes combatieron al Estado.