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En una serie de declaraciones que han sacudido el tablero geopolítico, Donald Trump planteó la posibilidad de que Estados Unidos tome el control de Cuba, vinculando esta potencial acción con la culminación de la ofensiva militar en el Golfo. El mandatario presumió que la isla caribeña podría ser controlada «casi de inmediato» mediante el despliegue de su poderío naval, aunque matizó que su prioridad es «terminar un trabajo primero» antes de abrir un nuevo frente.

El balance de la guerra contra Irán

Trump ofreció un reporte triunfalista sobre las operaciones conjuntas con las Fuerzas de Defensa de Israel, asegurando que el régimen iraní ha sido neutralizado por completo. Según sus declaraciones, Irán ha perdido su armada, fuerza aérea y sistemas de defensa antiaérea, sumado a la eliminación de decenas de sus líderes.

Como pieza central de su estrategia, destacó la efectividad del bloqueo militar en el Estrecho de Ormuz, el cual ha impedido la exportación de energía y provocado el colapso económico de Teherán. El presidente incluso bromeó con haber considerado rebautizar dicha región como el «Golfo de Trump» tras el éxito del cerco marítimo.

Supremacía militar y energética

Para sostener esta política de presión, Trump anunció una inversión proyectada de 1.5 billones de dólares para las fuerzas armadas el próximo año, calificándolas como las más poderosas del mundo. A la par, celebró el éxito de su lema «drill, baby, drill», afirmando que los niveles históricos de extracción de hidrocarburos han devuelto a Estados Unidos el respeto internacional. «Somos un país que está ganando como nunca antes», sentenció.