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En una jornada marcada por el contraste entre la supervisión de obras civiles y una retórica de guerra, el presidente Donald Trump realizó este jueves una visita sorpresa al Monumento a Lincoln. Mientras inspeccionaba las renovaciones del estanque reflectante —del cual prometió cambiar su aspecto de «piedra gris» por un revestimiento azul vibrante—, el mandatario aprovechó los reflectores para emitir una serie de declaraciones explosivas sobre el reciente conflicto naval en el estrecho de Ormuz.

Trump afirmó con contundencia que la Armada de EE. UU. «hizo pedazos» a las fuerzas iraníes en apenas dos minutos, asegurando que cerca de 159 barcos de Irán han sido hundidos. «Están en el fondo del mar», sentenció, minimizando el enfrentamiento como una «pequeñez» y advirtiendo que, de romperse el cese al fuego, la respuesta no será comunicada: «Solo verán un gran resplandor saliendo de Irán». Con este tono desafiante, urgió a Teherán a firmar un acuerdo nuclear de inmediato, subrayando que el uso de la fuerza es lo único que el régimen entiende.

En el plano diplomático, reveló haber instruido al Secretario de Estado, Marco Rubio, para enviar un mensaje firme al Papa León XIV. Trump pidió al Sumo Pontífice considerar el historial de derechos humanos de Irán antes de interceder por ellos, reiterando que existe «cero posibilidad» de que posean armamento nuclear. Finalmente, presumió la autosuficiencia energética de EE. UU. y confirmó que su administración vigila de cerca un brote de hantavirus en una embarcación, prometiendo un reporte detallado para este viernes.