El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a marcar la pauta en la Asamblea General de la ONU con un contundente discurso centrado en la defensa de las fronteras y el control migratorio. Ante líderes y diplomáticos de todo el mundo, el mandatario estadounidense enfatizó que la soberanía territorial debe prevalecer sobre cualquier flujo migratorio no regulado, declarando expresamente que «no existe un derecho humano a la inmigración ilegal, pero sí existe el derecho a seguir siendo una nación soberana».
El pronunciamiento del líder estadounidense refuerza la línea dura de su administración en materia de seguridad fronteriza e inmigración, trasladando la discusión al plano del derecho internacional. Trump instó a los gobiernos de la región y a los organismos multilaterales a respetar las decisiones unilaterales de cada Estado para resguardar sus límites territoriales y aplicar sus leyes internas sin presiones externas.
La postura de Washington genera inmediatas reacciones entre defensores de derechos humanos y bloques de países emisores de migrantes, reabriendo el debate sobre el equilibrio entre los tratados multilaterales de asilo y la capacidad sancionatoria de los Estados nacionales frente a la migración irregular.








