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El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, calificó la decisión como una señal de debilidad y advirtió que permitir a Rusia vender productos petroleros representa un respaldo económico a una guerra que, sostuvo, debería terminar y no prolongarse. También cuestionó el trato de Washington hacia Kiev, mientras representantes ucranianos mantenían conversaciones con negociadores estadounidenses en Miami.

Las críticas también alcanzaron al Congreso estadounidense. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, acusó a Trump de favorecer a Vladímir Putin para intentar contener el encarecimiento de los combustibles. Otros legisladores demócratas advirtieron que la flexibilización contradice la estrategia de presión económica contra Moscú y debilita el respaldo de Estados Unidos a Ucrania.

El cuestionamiento tiene un antecedente inmediato: en septiembre, Trump firmó una ley que amplió sus facultades para imponer sanciones a Rusia y a su industria energética. Ahora, el Departamento del Tesoro autorizó temporalmente determinadas ventas de diésel ruso hasta abril de 2027, un giro que pone en entredicho la continuidad de esa política.

En el terreno económico, las dudas también persisten. Analistas consultados por CNN y otros medios consideran que el suministro adicional difícilmente reducirá de manera significativa los precios. Trump anunció entregas iniciales superiores a 300 mil toneladas, seguidas de otros cargamentos, aunque el efecto dependerá de que Rusia pueda cumplirlas y de las condiciones del mercado internacional.

El mandatario estadounidense presenta el acuerdo como una vía para aliviar los costos energéticos. Sin embargo, la controversia expone una tensión entre ese objetivo interno y la estrategia internacional de contener los ingresos rusos. La medida ya generó fricciones con Kiev, mientras sigue sin estar claro cuánto abaratará el combustible o qué compromisos adicionales acompañan el entendimiento.