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Por: Jorge Antonio Cano Félix

La seguridad en México siempre ha sido un tema complejo y de interés nacional. Hoy, sin embargo, estamos ante una nueva etapa en la que la tecnología se coloca como pieza clave para enfrentar el crimen y mejorar la seguridad pública. Tras seguir de cerca el anuncio de la nueva estrategia de seguridad presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, me percaté que los cuatro ejes que trazaron muestran una clara evolución hacia un enfoque más moderno, eficiente y tecnológico, basado en la inteligencia y la colaboración.

Uno de los aspectos más relevantes de esta estrategia es el fortalecimiento de la inteligencia y la investigación. García Harfuch explicó que no se trata solo de reaccionar ante los delitos, sino de anticiparse a ellos mediante el uso de herramientas tecnológicas avanzadas para el análisis de datos y la identificación de patrones delictivos. En varios países, he tenido la oportunidad de observar cómo el uso de inteligencia artificial ha transformado los cuerpos de seguridad, permitiendo a las autoridades actuar con mayor rapidez y reducir significativamente los índices de criminalidad en zonas de alta incidencia.

La implementación de tecnologías como big data y algoritmos predictivos en la detección y neutralización de actividades criminales representa una oportunidad enorme para México. En este sentido, la creación de la Subsecretaría de Inteligencia e Investigación Policial permitirá que los analistas y técnicos traduzcan la inteligencia recabada en campo en información procesable, logrando que los operativos sean más precisos y efectivos. Además, se reforzarán las capacidades tecnológicas, lo que permitirá a las autoridades enfrentar con mayor solidez las redes del crimen organizado.

Otro de los puntos fundamentales es la consolidación de la Guardia Nacional, que, dentro de la Secretaría de la Defensa, buscará fortalecer su disciplina y capacidades operativas. En varios países, hemos visto cómo el uso de tecnología ha sido vital en cuerpos de seguridad similares. Por ejemplo, en algunos países se han implementado sistemas de vigilancia con drones y cámaras inteligentes que permiten monitorear zonas de alto riesgo en tiempo real, mejorando la respuesta ante incidentes. Con las capacidades tecnológicas adecuadas, México podría seguir esta ruta y garantizar una mayor seguridad para los ciudadanos.

La coordinación entre el gabinete de seguridad y los gobiernos estatales también es un aspecto central de la nueva estrategia. García Harfuch habló de la necesidad de trabajar en estrecha colaboración con los gobernadores de los estados más afectados por la violencia, como Guanajuato, Jalisco y Baja California. Esta coordinación no solo implica una acción conjunta, sino también la posibilidad de que la tecnología funcione como un puente entre las diferentes instituciones de seguridad. Sistemas integrados de información pueden facilitar la comunicación en tiempo real entre distintas instancias, asegurando una respuesta más ágil ante emergencias.

En términos de atención a las causas, Sheinbaum ha subrayado que la reducción de la pobreza y la creación de oportunidades para los jóvenes es una prioridad. Este enfoque no solo combate el crimen desde su raíz, sino que también aprovecha la tecnología para acercar programas sociales y educativos a las comunidades más vulnerables. Hace unos días leí sobre cómo plataformas digitales en países como Estonia han transformado el acceso a servicios públicos, permitiendo a los ciudadanos interactuar con su gobierno de manera más eficiente y segura. Este tipo de soluciones también tiene un gran potencial en México.

Es así que la estrategia de seguridad trazada por la presidenta Sheinbaum y el secretario García Harfuch nos muestra un camino hacia un futuro más seguro, donde la tecnología juega un papel crucial. No se trata solo de modernizar las instituciones de seguridad, sino de utilizar las herramientas tecnológicas más avanzadas para anticiparse al crimen y proteger a las familias mexicanas. Sin duda, estamos frente a una nueva era en la que la seguridad y la tecnología caminarán de la mano.