Por: Jorge Antonio Cano Félix
El agua, un recurso vital para la supervivencia humana y el desarrollo económico, enfrenta una crisis global que no puede ser ignorada. En México, la situación es particularmente crítica, con un estrés hídrico que afecta a gran parte de la población y provoca sequías recurrentes en el territorio nacional. La solución a este problema no solo depende de la infraestructura tradicional, sino también de la implementación de tecnología avanzada que optimice el uso y la distribución del agua. Con la inversión significativa que se ha anunciado para el próximo sexenio, incluyendo los 30,000 millones de pesos que la próxima presidenta Claudia Sheinbaum destinará a obras hidráulicas a través de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), México se posiciona para enfrentar estos desafíos con determinación.
Recientemente, leí que el presidente del Consejo Consultivo del Agua, Raúl Rodríguez Márquez, destacó en una entrevista la importancia de un esfuerzo transexenal que garantice la continuidad en la inversión hídrica y asegure que los proyectos de infraestructura se mantengan en marcha durante los próximos diez años. Este enfoque permitirá que el país no solo mejore su infraestructura existente, sino que también integre soluciones tecnológicas avanzadas que maximicen la eficiencia en la gestión del agua.
La tecnología juega un papel fundamental en la gestión eficiente del agua. En México, el 76% del agua se utiliza en el sector agrícola, el 14% en el consumo doméstico, el 5% en la generación de energía eléctrica y el 5% en la industria. Con la inversión en nuevas tecnologías de riego avanzado y sistemas de monitoreo de humedad del suelo, se espera mejorar la eficiencia en el uso del agua en el campo, lo que impulsará la productividad agrícola y reducirá las pérdidas. Estas tecnologías son una apuesta segura que complementa los esfuerzos del gobierno para optimizar el uso de este recurso tan valioso.
Además, la implementación de tecnologías de inteligencia artificial y sensores avanzados para la detección de fugas en la red de agua potable se ha vuelto imprescindible. El uso de estas tecnologías no solo ayuda a identificar y reparar fugas, sino que también permite optimizar la presión en las tuberías y reducir las pérdidas de agua, que en algunos sistemas pueden llegar al 50% del total distribuido. Un ejemplo destacado es el caso de Singapur, donde la Agencia Nacional del Agua (PUB) ha implementado un sistema de sensores inteligentes y análisis de datos en tiempo real que ha logrado reducir las pérdidas de agua no registrada a menos del 5%. De manera similar, en España, la ciudad de Barcelona ha adoptado una red de sensores que monitorean el flujo de agua y detectan fugas, lo que ha permitido reducir las pérdidas en un 20%. En Londres, Thames Water ha utilizado inteligencia artificial y Big Data para prever y prevenir fugas, con lo que ha logrado una disminución significativa en las pérdidas de agua y ahorrado millones de litros diarios.
En México, la próxima administración, que será dirigida por Sheinbaum Pardo, ya ha demostrado que el tema del agua es una de sus principales prioridades. Durante su gestión en la Ciudad de México, de 2019 a 2022, se invirtieron 4 mil 700 millones de pesos en obras para el abastecimiento y distribución del agua a través del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX). Estos esfuerzos reflejan el compromiso de integrar soluciones tecnológicas avanzadas para enfrentar los desafíos hídricos.
Asimismo, proyectos como el de desalación de agua de mar en Tamaulipas, inspirados en tecnologías implementadas en los Emiratos Árabes, muestran cómo la innovación tecnológica puede ofrecer soluciones sostenibles a largo plazo. Las crisis hídricas recientes en estados clave como Nuevo León y la Ciudad de México, donde el Sistema Cutzamala ha registrado niveles históricamente bajos, destacan la importancia de abordar el problema desde una perspectiva integral que combine inversión, tecnología y políticas públicas efectivas.
De igual manera, la inversión público-privada también juega un papel crucial en este desafío. La apertura a la inversión del sector privado, bajo un marco de transparencia y rendición de cuentas, permitirá acelerar la implementación de soluciones tecnológicas y mejorar la infraestructura hídrica existente. Esto no solo beneficiará a los consumidores, sino que también asegurará la competitividad del país en el contexto global.