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El Gobierno de facto talibán suspendió la realización de trasplantes de córnea en Afganistán, lo que mantiene en incertidumbre a un número creciente de pacientes a la espera de cirugías para recuperar la visión. De acuerdo con testimonios de oftalmólogos locales recabados por la agencia EFE, las autoridades emitieron órdenes verbales para detener este tipo de intervenciones, argumentando que la extracción e injerto de órganos humanos vulnera los preceptos de la ley islámica (sharía).

La medida fue ratificada por indicación del Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio y respaldada por el líder supremo talibán, deteniendo las operaciones tanto en clínicas privadas como en centros públicos. Según fuentes médicas, la restricción surgió como una respuesta generalizada tras detectarse un incremento en el comercio ilícito de riñones en la provincia de Herat, impulsado por la severa crisis económica y la pobreza extrema en la región.

Como consecuencia directa, se interrumpió la ayuda de organizaciones internacionales que suministraban córneas donadas para pacientes de escasos recursos con lesiones oculares graves. Pese a que los portavoces gubernamentales niegan la existencia de un veto formal, especialistas del sector de la salud confirmaron que las restricciones continúan vigentes, limitando de forma drástica la atención oftalmológica especializada en todo el país.

Ante el impacto de esta prohibición, colectivos médicos iniciaron gestiones con las autoridades para solicitar la reconsideración de la norma y permitir la reanudación de los trasplantes de córnea. Sin embargo, mientras avanzan las conversaciones, numerosos afganos permanecen sin acceso al único tratamiento disponible para evitar la ceguera permanente.