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El Ministerio de Asuntos Exteriores de Taiwán reafirmó que la isla es una «nación democrática, soberana e independiente, no subordinada a la República Popular China». La declaración oficial surge tras la conclusión de la visita de Estado de Donald Trump a Pekín, donde el presidente Xi Jinping lo presionó para frenar el apoyo a Taipéi, advirtiendo que los pasos en falso en esta materia podrían desatar un conflicto regional.

Las alarmas se encendieron en Taipéi luego de que Trump declarara a la cadena Fox News que el suministro de armas estadounidenses a la isla es «una muy buena baza en las negociaciones» con China y advirtiera al gobierno del presidente Lai Ching-te que no declare formalmente su independencia. «Quiero que se calmen. Quiero que China se calme. No buscamos guerras», puntualizó el mandatario norteamericano.

Pese a que la portavoz de la Oficina Presidencial de Taiwán, Karen Kuo, destacó que tanto Trump como el secretario de Estado, Marco Rubio, han garantizado que la política exterior de Washington hacia la isla se mantiene sin cambios, expertos en ciencias políticas locales expresaron honda preocupación. Analistas advierten que la administración Trump podría estar inclinándose hacia la postura de Pekín al condicionar los compromisos estipulados en la Ley de Relaciones con Taiwán.

Actualmente, el parlamento taiwanés tiene aprobado un presupuesto de defensa de 25,000 millones de dólares destinado a la compra de equipamiento bélico estadounidense. Sin embargo, el hecho de que Trump califique abiertamente esta ayuda militar como una moneda de cambio mercantil debilita el principio de disuasión conjunta y altera el frágil equilibrio de seguridad en el estrecho.