La celebración del Super Bowl LX no solo fue un éxito deportivo, sino también un fenómeno cultural y mediático marcado por una intensa controversia en torno al espectáculo de medio tiempo. La organización conservadora Turning Point USA (TPUSA) montó un show alternativo llamado “All-American Halftime Show”, encabezado por artistas como Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice y Gabby Barrett, que fue transmitido por YouTube al mismo tiempo que el medio tiempo oficial. Este espectáculo paralelo atrajo millones de espectadores con hasta 6.1 millones de vistas concurrentes en la plataforma como una opción “patriótica y familiar” frente al halftime principal.
Turning Point USA presentó su alternativa como un espacio para celebrar valores tradicionales, enfatizando temas como “fe, familia y libertad” y rindiendo tributo al fallecido cofundador Charlie Kirk. La transmisión contó incluso con la participación en video de figuras políticas como el Secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, y buscó consolidarse como una opción cultural distinta a la propuesta por la NFL.
Mientras tanto, el halftime show oficial, protagonizado por Bad Bunny, fue seguido por una audiencia récord de más de 135 millones de espectadores a nivel global y fue ampliamente elogiado por su innovación cultural y musical. Sin embargo, también desató críticas por parte de sectores conservadores que objetaron el uso casi exclusivo del español y ciertos mensajes percibidos como políticos dentro del espectáculo.
Figuras como el presidente Donald Trump calificaron la actuación de Bad Bunny como “absolutamente terrible” y una supuesta afrenta a los valores tradicionales estadounidenses, mientras que críticos y comentaristas la defendieron como una celebración de la diversidad cultural y una muestra poderosa de representación latina en un escenario global.
La dualidad de estos eventos reflejó un momento de polarización mediática y cultural: por un lado, millones sintonizaron y elogiaron la alternativa patriótica de TPUSA; por el otro, el espectáculo oficial rompió récords de audiencia y generó debates sobre identidad, idioma y arte en uno de los escenarios más vistos del entretenimiento mundial.






