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Senegal vive días de euforia nacional tras derrotar 1-0 a Marruecos en el Estadio Príncipe Moulay Abdellah. La gesta, sellada con un gol de Pape Gueye en el tiempo extra, ha sido compensada por el presidente Faye con una dotación total de 305 millones de francos CFA para el Ministerio de Deportes y terrenos de 1,500 metros cuadrados para cada futbolista en la Petite-Côte. Estos incentivos patrimoniales, poco comunes en el fútbol internacional, reflejan la importancia del título para el desarrollo social y la moral del país en este inicio de 2026.

El camino al título fue un auténtico drama que alcanzó su punto crítico en el minuto 95 de la final. Tras la anulación de un gol senegalés y la posterior marcación de un penal para Marruecos, el equipo abandonó el terreno de juego durante 14 minutos por orden de su entrenador. Fue la intervención de Sadio Mané la que evitó el desastre reglamentario, liderando el regreso de sus compañeros para que Édouard Mendy detuviera el disparo de Brahim Díaz. Este liderazgo fue clave para que el presidente los elevara al grado de Comandantes de la Orden Nacional del León.

No obstante, las repercusiones del incidente en Rabat ya han comenzado a sentirse en los despachos de la CAF. El seleccionador Pape Thiaw ha sido inhabilitado tras calificarse su comportamiento como «vergonzoso» para la imagen del fútbol africano. Esta suspensión pone en duda quién dirigirá a los Leones en la Copa del Mundo de 2026, una situación agridulce para un cuerpo técnico que acaba de tocar la gloria continental. La federación senegalesa ya prepara una apelación para reducir la sanción y asegurar la presencia de Thiaw en la cita mundialista de Norteamérica.

Mientras los abogados trabajan, la población senegalesa prefiere centrarse en el triunfo y el desfile triunfal. El recibimiento en el aeropuerto por parte del presidente Faye y el posterior recorrido por Dakar mostraron una comunión total entre el pueblo y sus «héroes». Sadio Mané, elegido MVP del torneo, ha consolidado su estatus de ídolo nacional, demostrando que su influencia va más allá de los goles, siendo el arquitecto de la calma en el momento de mayor caos de la historia reciente de la Copa Africana.