Con el objetivo de frenar el impacto de las principales causas de mortalidad en el país, el gobierno federal anunció una reestructuración profunda en el modelo de atención para la diabetes mellitus, la hipertensión arterial y la enfermedad renal crónica. La estrategia busca pasar de un tratamiento fragmentado a una intervención integral que priorice la prevención y el manejo clínico estandarizado.
El secretario de Salud, David Kershenobich, explicó que, tras dos años de análisis, las autoridades sanitarias han clasificado a estos padecimientos —que frecuentemente coexisten y se retroalimentan— bajo una única entidad clínica: el síndrome cardio-reno-metabólico.

«Hasta ahora se han tratado de manera separada», advirtió el titular durante la presentación de los nuevos Protocolos Nacionales de Atención Médica (Pronam), los cuales permitirán homologar los criterios de detección y gestión terapéutica con estándares de alta especialidad.
Como eje operativo de esta transición, el sector salud descentralizará recursos hacia el primer nivel de atención. Clínicas familiares y centros de salud recibirán más de 50 claves de medicamentos, anteriormente limitados a hospitales de alta especialidad, enfocados en el control de la obesidad —factor de riesgo determinante— y en la protección de la función renal y el control glucémico.
Este esfuerzo clínico se integrará con políticas públicas transversales, como el programa de Escuelas Saludables, la promoción de la activación física y la continuidad de medidas regulatorias, tales como los impuestos a bebidas azucaradas, con el fin de reducir la carga de enfermedad y las tasas de defunción asociadas a estas condiciones en la población mexicana.









