Los profesores franceses manifestaron este martes su escepticismo frente a las recientes reformas educativas presentadas por el gobierno, calificándolas de insuficientes para aplacar el descontento que ha paralizado a diversos centros educativos durante semanas. Las declaraciones surgen un día después de que el Ejecutivo anunciara un paquete de medidas para frenar la crisis social que afecta al país europeo.
Entre las propuestas gubernamentales destacan la limitación a un máximo de 28 alumnos por clase, la inyección de miles de millones de euros en créditos destinados a la renovación de infraestructura escolar y una revisión del sistema de acceso a la universidad. No obstante, Sophie Venetitay, secretaria general del sindicato de docentes SNES-FSU, advirtió que las acciones anunciadas se quedan cortas ante las necesidades reales del sistema, exigiendo topes a más grupos escolares y la contratación de mayor personal.
El trasfondo de las protestas incluye reclamos iniciales de estudiantes secundarios por la escasez de recursos, un malestar que escaló con la incorporación de sindicatos generales y movimientos como los «chalecos amarillos», unificados en contra del encarecimiento del costo de vida y el deterioro de los servicios públicos. Para financiar el paquete de medidas, tasado en unos 5 mil millones de euros, el ministro de Presupuesto, David Amiel, indicó que se implementarán recortes de gasto en otras áreas, en un contexto de fuerte presión de los mercados de bonos sobre la deuda nacional.
A pesar de las concesiones oficiales, los dirigentes estudiantiles confirmaron la continuidad de las movilizaciones para el próximo sábado y el 5 de noviembre. Por su parte, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, anticipó un despliegue policial reforzado para el fin de semana, tras los episodios de violencia y saqueos registrados en jornadas previas. Esta prolongada crisis política ha fortalecido el respaldo popular hacia la líder ultraderechista Marine Le Pen de cara a las próximas elecciones presidenciales.












