Las fuerzas de Tigré lanzaron una ofensiva masiva que provocó el reinicio de los combates en el norte de Etiopía y en las regiones vecinas de Afar y Amhara, poniendo en riesgo la paz alcanzada mediante el acuerdo de Pretoria de 2022.
El Frente de Liberación Popular de Tigré (TPLF) conformó una alianza con otros seis grupos armados etíopes, incluido el movimiento amhara Fano, con el objetivo de deponer al primer ministro Abiy Ahmed, lo que obligaría al Gobierno federal a combatir en múltiples frentes. La escalada genera alarma internacional por la posibilidad de arrastrar a países vecinos como Eritrea, Sudán y Yibuti, amenazando rutas comerciales clave en el mar Rojo.
Expertos y analistas advierten que una intervención de Eritrea o una mayor convergencia con la guerra civil en Sudán podrían desencadenar una conflagración generalizada en la región.
Ante el deterioro de la seguridad, la Unión Africana hizo un llamado urgente al cese de las hostilidades y al restablecimiento del diálogo directo para evitar que se repita la crisis humanitaria de la guerra anterior, la cual dejó más de 600 mil muertos.








