Los planes del ejército de Estados Unidos para reconstruir y ampliar el muelle principal en Palaos han despertado profunda inquietud entre sus 17 mil habitantes. La infraestructura, construida originalmente por Japón en la Segunda Guerra Mundial, busca alojar buques militares y un depósito de reserva. Sin embargo, la comunidad local teme que la medida convierta al archipiélago en un objetivo estratégico en un eventual conflicto entre superpotencias en el Pacífico.
A cambio de financiamiento y facilidades de visado bajo un acuerdo de libre asociación, Palaos otorga acceso territorial a las fuerzas armadas estadounidenses, las cuales ya avanzan en el despeje de terreno para radares y en la ampliación de un aeródromo. Ante esto, más de dos mil ciudadanos firmaron una petición para exigir garantías de seguridad a Washington.
A las tensiones geopolíticas se suman los riesgos ecológicos. Evaluaciones de impacto ambiental advierten que las labores de dragado destruirán más de cuatro hectáreas de coral, poniendo en peligro especies amenazadas como tortugas y dugongos en zonas cercanas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pese a los reclamos comunitarios, el presidente Surangel Whipps respaldó la modernización portuaria como una necesidad urgente.








