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Más de mil penitentes recorrieron las calles cargando cruces de hasta 50 kilos y arrastrando cadenas; el evento atrajo a 20 mil asistentes y generó una derrama económica de 900 millones de pesos.

La Procesión del Silencio de Querétaro, una de las tradiciones más emblemáticas de la piedad popular en México, celebró este Viernes Santo su 60.º aniversario. El rito, que parte tradicionalmente del convento de la Santa Cruz de los Milagros, congregó a más de mil participantes divididos en 20 hermandades y cofradías, quienes recorrieron tres kilómetros en un ambiente de luto y solemnidad, apenas interrumpido por el sonido de tambores y el arrastre de cadenas sujetas a los tobillos de los penitentes.

Inspirada en las procesiones del siglo XVI y retomada en su formato moderno en 1966 por fray Ernesto Espitia Ortiz, esta manifestación exige un alto rigor físico y espiritual. Los penitentes, ataviados con túnicas y capirotes, cargan cruces de madera de mezquite que pesan entre 20 y 50 kilogramos, mientras que los encargados de las andas (estructuras con imágenes religiosas) sostienen pesos de hasta 150 kilogramos durante las cuatro horas que dura el trayecto por el corazón de la ciudad.

En el ámbito turístico, la secretaria de Turismo municipal, Mariana Ortiz Cabrera, informó que la ocupación hotelera superó el 65%, con la llegada de aproximadamente 200 mil visitantes durante el periodo vacacional. La Procesión del Silencio, por sí sola, congregó a 20 mil personas, consolidándose como el evento central de la Semana Santa en la entidad y generando, junto con el resto de las actividades, una derrama económica estimada en 900 millones de pesos.