Tras prohibir la misa oficial, fuerzas de seguridad de Israel arremetieron físicamente contra cristianos palestinos y visitantes extranjeros que intentaban acceder al templo más sagrado del cristianismo.
Lo que debía ser una jornada de paz y oración se convirtió en un escenario de violencia y represión. Este Domingo de Ramos, la Ciudad Vieja de Jerusalén fue testigo de ataques directos por parte de la policía de Israel contra fieles cristianos y peregrinos internacionales. El incidente ocurrió en los accesos a la Iglesia del Santo Sepulcro, donde las autoridades israelíes no solo mantuvieron la prohibición de celebrar la misa, sino que utilizaron la fuerza para dispersar a quienes se acercaban al recinto.
Testigos y videos que circulan en redes sociales muestran a agentes israelíes empujando y golpeando a clérigos, palestinos cristianos y turistas que intentaban llegar a la iglesia para conmemorar el inicio de la Semana Santa. Esta agresión física representa una escalada grave tras el anuncio previo de Israel de impedir las celebraciones litúrgicas tradicionales, citando razones de «seguridad» en el marco del conflicto regional.
El ataque ha generado una condena inmediata de líderes religiosos locales, quienes denuncian una violación sistemática a los tratados internacionales que garantizan el acceso a los Santos Lugares. Mientras el Vaticano y diversas cancillerías monitorean la situación, el ambiente en la Ciudad Vieja permanece bajo una tensión máxima, con cierres militares que impiden el flujo normal de los fieles en este domingo sagrado.






