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A una semana del terremoto de magnitud 7.4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto, la gestión de la emergencia enfrenta un nuevo foco de tensión política: El presidente Abelardo de la Espriella quedó en el centro de las críticas tras viralizarse videos de su visita a Buenaventura, donde aparece entregando balones de fútbol a los habitantes de las zonas afectadas.

Las imágenes desataron una ola de cuestionamientos en redes sociales sobre la pertinencia de la ayuda humanitaria, luego de que una de las residentas encarara al mandatario en plena entrega con un categórico reclamo: “¿Y balón es que trajo?”.

La controversia escaló al plano institucional y social. Leonard Rentería, reconocido líder social del puerto del Pacífico, reprochó directamente al jefe de Estado a través de sus redes sociales ante la falta de suministros esenciales.

«Señor presidente, usted en medio de lo que estamos viviendo, ¿en serio se dedicó a repartir balones?», escribió Rentería, quien advirtió que la prioridad actual debe centrarse en garantizar alimentación y agua potable. «Yo entiendo que este territorio es habilidoso y hay talento, pero hoy las opciones de ir a jugar un partido son mínimas cuando la realidad de miedo, ausencia de mínimos nos abordan», añadió.

Una crisis nacional sin precedentes recientes. El episodio se produce en medio del trágico balance que ha dejado el movimiento telúrico en diversas regiones del país. Los reportes oficiales más recientes confirman cientos de víctimas mortales, miles de heridos y cuantiosos daños en infraestructura habitacional, mientras los equipos de rescate y las autoridades locales continúan desplegados en las labores de atención a los damnificados y recuperación de las zonas críticas.