El Gobierno del Perú anunció la ruptura oficial de sus relaciones diplomáticas con la República Islámica de Irán, marcando un viraje drástico en su política exterior frente a la escalada bélica en el Medio Oriente. La determinación fue oficializada por el Ministerio de Relaciones Exteriores a través del Comunicado Oficial 014-26, en el que se fijó una postura rotunda ante las acciones geopolíticas de Teherán en el escenario internacional.
La Cancillería peruana justificó la medida al señalar el papel de Irán en la desestabilización de la paz regional y la incitación a la violencia. Asimismo, el gobierno sudamericano condenó el bloqueo estratégico en el estrecho de Ormuz, advirtiendo que las restricciones a la libre navegación marítima afectan de manera directa el comercio global. A estas razones se sumó la preocupación por la falta de transparencia del programa nuclear iraní y su falta de cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
En el ámbito de los derechos humanos, el pronunciamiento del Estado peruano rechazó la sistemática represión contra manifestantes, la persecución de opositores y la discriminación institucionalizada contra mujeres y niñas en territorio iraní. La notificación formal fue enviada a la Embajada de Irán en Ecuador representación concurrente para Perú, precisando que, aunque se rompen los nexos políticos, las relaciones consulares se mantendrán vigentes conforme a la Convención de Viena para brindar asistencia a los ciudadanos de ambos países.







