En una audiencia celebrada en la Sala Pablo VI, el Papa León XIV emitió un mensaje contundente a favor de la paz global con motivo del inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026. El Pontífice hizo un llamado a los líderes de todas las naciones para retomar la histórica Tregua Olímpica, instando a la suspensión de las hostilidades durante el desarrollo de la justa deportiva. Para el Papa, Milán y Cortina d’Ampezzo no solo serán sedes de competencia, sino territorios de posible reconciliación.
El mensaje papal subrayó que el deporte posee una capacidad única para derribar muros de odio y construir puentes de entendimiento. León XIV recordó que, desde la antigüedad, los Juegos servían para pausar los conflictos armados, una tradición que en el siglo XXI resulta más necesaria que nunca. Al invocar este espíritu, el Pontífice busca que el esfuerzo de los atletas en la nieve y el hielo inspire a los diplomáticos a buscar soluciones pacíficas a las crisis actuales.
Además del llamado a la paz, el Papa advirtió sobre las sombras que amenazan la integridad del deporte moderno: la comercialización excesiva y el dopaje. Según el líder de la Iglesia Católica, reducir el olimpismo a un negocio o a una búsqueda de gloria a cualquier precio despoja a la competición de su valor pedagógico. Para él, la verdadera victoria no se mide solo en medallas, sino en la nobleza con la que se compite y en el respeto absoluto a las reglas.
Como aficionado al tenis, León XIV utilizó una analogía deportiva para resaltar que el crecimiento personal ocurre a través de la disciplina y el encuentro con el «otro». Celebró que la ceremonia de inauguración de esta noche fusione la elegancia urbana de Milán con la fuerza natural de Cortina d’Ampezzo, viendo en esta diversidad un reflejo de la armonía que debería reinar entre los pueblos. El deporte, en sus palabras, es un entrenamiento para la vida en sociedad.
Finalmente, el Papa concluyó su mensaje haciendo un llamado a mantener la humanidad en el centro de cada competición. Pidió que los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 dejen un legado que vaya más allá de las infraestructuras, sembrando en los jóvenes el deseo de un mundo más fraterno. Con este gesto, el Vaticano se posiciona como una voz moral que busca que el fuego olímpico sea, verdaderamente, una luz que disipe las tinieblas de la guerra.






