La NFL ha trazado una línea clara para el Super Bowl del próximo domingo: seguridad total sin operativos de inmigración. Cathy Lanier, responsable de seguridad de la liga, fue tajante al informar que no habrá redadas de ICE en torno a los estadios o centros de convenciones. Esta medida busca garantizar que el millón de visitantes proyectados pueda disfrutar del evento sin temor a operativos federales de control migratorio, los cuales han sido blanco de intensas protestas en semanas recientes.
Por su parte, el Departamento de Seguridad Nacional ha enviado a sus mejores elementos para actuar bajo una jurisdicción limitada a la protección antiterrorista y el orden público. El agente Jeffrey Brannigan explicó que la coordinación interagencial es fundamental para el éxito del Super Bowl LX, pero siempre bajo un mandato que prioriza la seguridad física sobre cualquier otra política administrativa. La meta es crear un entorno seguro para los 1.3 millones de visitantes que se esperan para el fin de semana.
La logística de seguridad es el resultado de un año y medio de trabajo conjunto entre 35 organizaciones policiales y gubernamentales. Este esfuerzo coordinado busca cubrir cada ángulo, desde la ciberseguridad hasta la vigilancia aérea. Lanier subrayó que la longevidad de esta planificación es lo que permite al equipo de seguridad adaptarse a los cambios en el panorama de amenazas nacionales, manteniendo la estabilidad operativa a pesar del clima político convulso que atraviesa el país.
El despliegue de este año destaca por la integración de herramientas de Inteligencia Artificial. Aunque los detalles específicos sobre su implementación se mantienen bajo estricta confidencialidad, se sabe que la IA ayudará a las agencias a procesar grandes volúmenes de datos y monitorear multitudes de manera más eficiente. Esta evolución tecnológica representa un salto cualitativo en la forma en que se protegen los eventos masivos, buscando minimizar el error humano en la identificación de posibles amenazas.
La controversia generada por las políticas del presidente Donald Trump ha obligado a los organizadores a ser más transparentes sobre el rol de las fuerzas del orden. Tras los disturbios provocados por acciones federales en Minnesota, la NFL busca evitar que el Super Bowl se convierta en un escenario de conflicto civil. Al asegurar que el ICE no tendrá participación operativa, la liga intenta blindar el evento de las críticas políticas, enfocándose exclusivamente en la logística de un partido que paraliza a la nación.




