Grupos del crimen organizado y redes del narcotráfico latinoamericano han extendido sus operaciones al continente africano, transformando países como Nigeria, Sudáfrica y Mozambique en centros estratégicos de producción y logística para el tráfico global de drogas sintéticas, principalmente metanfetamina. El modelo operativo evoluciona del histórico tránsito de cocaína hacia la instalación de infraestructuras locales, impulsado por la presión de las autoridades en América Latina y Norteamérica, así como por la ambición de abastecer lucrativos mercados en Oceanía y Europa.
Recientes investigaciones y desmantelamientos de laboratorios industriales han dejado al descubierto la participación de químicos y operadores latinoamericanos instalados en zonas rurales africanas. Estas redes importan insumos desde Asia y emplean equipamiento adaptado para fabricar toneladas de estupefacientes al mes, consolidando una sofisticada cadena de suministro internacional que evade el control de las autoridades locales.
Esta incursión de las mafias latinoamericanas no solo afianza a África como un nodo clave en las rutas mundiales del narcotráfico, sino que también ha disparado las alarmas de seguridad e higiene pública por el acelerado incremento del consumo interno de metanfetamina en la región.







