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El fiscal que lideró la investigación sobre la trama rusa falleció a los 81 años tras padecer Parkinson; Donald Trump reaccionó de forma inmediata asegurando que «se alegra» de su muerte.

Robert Mueller, figura clave de la justicia estadounidense y exdirector del FBI, falleció la noche de este viernes a los 81 años. La noticia fue confirmada por su familia a través de un comunicado emitido este sábado, en el que solicitaron respeto a su privacidad tras la pérdida del hombre que encabezó una de las investigaciones más polémicas en la historia reciente de los Estados Unidos.

Mueller, quien fue diagnosticado con la enfermedad de Parkinson en 2021, es recordado principalmente por su labor como fiscal especial en la investigación sobre la presunta colusión entre la campaña de Donald Trump en 2016 y el gobierno de Rusia. Su gestión al frente del FBI y su posterior papel como fiscal independiente lo colocaron en el centro de un intenso debate político que polarizó a la nación durante años.

La respuesta desde la Casa Blanca no se hizo esperar. A través de su plataforma Truth Social, el presidente Donald Trump reaccionó con un mensaje inusual para el protocolo ejecutivo tras el deceso de un exfuncionario de alto rango. «Robert Mueller acaba de morir. Bien, me alegro de que esté muerto. ¡Ya no puede hacer daño a gente inocente!», sentenció el mandatario en su publicación oficial.

La relación entre ambos fue de confrontación permanente. El año pasado, Donald Trump firmó un decreto para suspender las autorizaciones de seguridad y el acceso a edificios federales de los abogados del bufete WilmerHale, donde Mueller trabajó como socio. Esta medida fue vista como una extensión de las represalias del mandatario contra el equipo que escrutó sus vínculos con el Kremlin.

Robert Mueller dedicó décadas al servicio público, sirviendo bajo administraciones tanto republicanas como demócratas. Sin embargo, su legado queda marcado por el enfrentamiento directo con Donald Trump, quien hasta el último momento lo señaló como el artífice de una «cacería de brujas». Con su partida, se cierra uno de los capítulos más tensos de la justicia penal y política en la historia de Washington.