La presentación por parte de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo del Clúster Nacional de Supercómputo y del Centro Mexicano de Supercómputo marca un momento decisivo en la historia del desarrollo científico y tecnológico de México. Este paso coloca al país en la carrera global de supercomputación y de inteligencia artificial, como las grandes potencias lo han hecho, y lo hace con vocación clara de soberanía científica (este es uno de sus 100 puntos del Zócalo).
En un mundo donde Estados Unidos, China y otros países compiten por liderar la generación de datos, la inteligencia artificial, el procesamiento masivo de información y las cadenas de valor de alta tecnología, México avanza con decisión. La ciencia ya no puede ser un lujo: debe ser un motor de productividad, empleo de calidad y transformación industrial. El Clúster y el Centro no son meros laboratorios; serán la plataforma tecnológica de ese salto.
El anuncio contempla que nuestra nación cuente con la supercomputadora 100% mexicana más grande de América Latina, de nombre Coatlicue, en colaboración con el Barcelona Supercomputing Center. Esto representa una inversión estratégica de 6 mil millones de pesos, pero sobre todo una apuesta de largo plazo por capacidades propias para análisis de datos, modelado climático, energía, saludm inteligencia artificial, logística avanzada y desarrollo científico-tecnológico.
Pero la infraestructura informática es sólo una pieza del rompecabezas. El talento mexicano, en especial en ciencias STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), está listo para dar el salto. México produce cada año un gran número de graduados en STEM. Se estima que más de 3 millones de profesionales mexicanos trabajan en estos campos y unos 250,000 estudiantes nuevos egresan en esas disciplinas cada ciclo. Este es el capital humano que, combinado con la nueva infraestructura de supercomputación, puede catapultar a México hacia una economía de conocimiento y tecnología de vanguardia.
La ciencia aplicada, además, es esencial para que nuestra economía aumente su productividad y competitividad. No basta con autopistas o fábricas: se requiere procesamiento de datos, diseño inteligente, investigación aplicada, algoritmos hechos en México. El Clúster Nacional permitirá que universidades, centros de investigación, sector privado y gobierno trabajen en conjunto para resolver retos reales: el cambio climático, la salud, la logística, la manufactura avanzada, los semiconductores. Y lo harán con recursos propios, control mexicano, sin depender exclusivamente de patentes o tecnologías extranjeras.
Asimismo, el día de ayer acompañé a la Presidenta Sheinbaum a la Cumbre Nacional de Desarrollo Tecnológico, Emprendimiento e Innovación, InnovaTecNM 2025 (celebrada en Pachuca, Hidalgo), donde anunció que, para dar impulso al desarrollo científico y tecnológico, se creará un fondo para financiar los principales proyectos que se presentaron en este encuentro nacional. Este es un primer esfuerzo de esta magnitud en México y debe aplaudirse. Es historia. Las generaciones futuras lo verán como el momento en que México asumió su lugar en la ciencia global. Pero también exige responsabilidad: los recursos públicos, la formación de talento, la vinculación universidad-industria-estado, la equivalencia internacional del conocimiento, todo debe alinearse desde el presente.
El programa marca que la ciencia y la tecnología no son una promesa lejana, sino parte esencial de la Cuarta Transformación. Así como hoy construimos infraestructura, ampliamos derechos y fortalecemos la industria, también edificamos el conocimiento. La ciencia ya no es un lujo del futuro: es requisito del presente. Y en ese presente, México pone en marcha su supercomputadora, forma a sus ingenieros, abre más universidades, más tecnológicos, y compromete su talento. Porque producir más, exportar mejor, innovar siempre: esa es la visión transformadora.
Desde el Senado de la República, respaldamos con firmeza esta iniciativa de la Presidenta Sheinbaum: México debe convertirse en potencia científica, tecnológica y productiva. Y con el Clúster Nacional y el Centro Mexicano de Supercómputo lo estamos haciendo realidad.















